Me dirás que tus trabajadores están formados porque cumplen con su trabajo de manera sobresaliente, y que, precisamente por eso, no necesitan formación. Pero, ¿y si recibes la queja de un cliente por el trato recibido por uno de tus empleados? ¿Pensarías entonces que no sería conveniente mejorar sus habilidades en su relación con los clientes?
En definitiva, ¿por qué es importante la formación?
1. La formación aumenta la productividad de los empleados. Un empleado bien formado sabe acometer de forma profesional sus tareas, invierte menos tiempo en desarrollar sus actividades, aporta soluciones que reducen costes, aumenta la eficacia, etc.
2. La formación reduce accidentes. El trabajador formado comete menos errores en su trabajo y, por extensión, provoca menos accidentes laborales.
3. La formación aumenta la satisfacción de los clientes. El cliente sabe detectar cuándo un empleado es un buen profesional y formado adecuadamente. Además, producen una satisfacción en los clientes y generan fidelización.
4. La formación reduce el absentismo laboral. Los empleados formados se sienten más implicados con la empresa y son personas que no abandonan sus actividades.
5. La formación aumenta la adaptación de la PYME a los cambios del entorno. La formación supone un esfuerzo adicional por parte del trabajador. Le exige una actitud abierta hacia el aprendizaje, conocer nuevas formas de hacer, compartir experiencias, etc. Esto hace que el empleado pueda adecuarse más fácilmente a los posibles cambios del entorno. En parte, por su propia facilidad de adaptación y, en parte, porque es capaz de anticiparse a estos posibles cambios.









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