Internet se ha convertido en algo más que en una forma de intercambio de información. Hoy en día, no se concibe negocio alguno ni relación comercial sin que tenga relación con la Red de redes. Pero, para saber aprovecharla en toda su potencial, es necesario contar con unas reglas previas que, bien aplicadas, conducirán al éxito a la empresa que las aplique.
En primer lugar, lo más importante es saber si se está comunicando para un nuevo público objetivo o para el que ya tenía la empresa que emprende el proyecto. Por ello, sobre todo las pequeñas empresas, emprenden sus aventuras online poco a poco. Así, primero construyen un prototipo de folleto que, si el presupuesto lo permite, se irá ampliando con nuevas funcionalidades, como un servicio de vídeos, una pasarela de pagos, etc.
Una vez superado este proceso inicial, hay que proceder al registro de la marca, de la dirección y del dominio online, es decir, la terminación de su página Web: algunos ejemplos son telefónica.es o google.com. Para ello, hay que registrarse en InterNIC, el organismo internacional que se encarga de gestionar los dominios. En éste existe un directorio de empresas registradoras; cada una de ellas con sus opciones y unas tarifas diferentes.
Lo habitual es buscar un dominio que coincida al máximo con el nombre de la compañía o de una marca registrada. La finalización suele depender de la finalidad del portal online (.com para asuntos comerciales, .org para organizaciones, .gov para Administraciones Públicas, etc.). Los dominios suelen ser baratos, pues sus precios rondan entre los 6 y los 35 euros anuales.
La dirección debe ser corta, con objeto de que sea más fácil de recordar para el cliente, y debe estar bien identificada con la marca de la empresa o con su actividad profesional. Además, a la hora de pensar en el dominio, los expertos recomiendan registrar más de uno para evitar futuras confusiones y proteger la marca. Incluso, las propias empresas con las que se contrata el servidor se encargan de registrar los dominios, de avisar cuando el nombre que se ha elegido queda libre si ya estaba registrado y de facilitar aplicaciones para el manejo de la página Web y el diseño.
Las firmas registradoras suelen encargarse también de todos los datos relativos al portal online. Esta información se almacena en servidores, que pueden situarse en las propias oficinas de la compañía, en las de la registradora o en las de una tercera empresa.











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