Muchas cosas han cambiado en los últimos años, y quizás meses, no siendo muy exagerados. Las relaciones empresa-clientes son una prueba de ello. Antes, bastaba con saber ofrecer el producto para venderlo. Ahora, las reglas son otras, y es el cliente el que elige lo que quiere y cómo lo quiere, lo que nos obliga a presentar una ferta flexible y con la mayor calidad.
Y es que las reglas del juego han cambiado: ahora son los clientes los que hablan, buscan y eligen. Y esto es así debido a una razón principal: ya no es el sujeto pasivo e ingenuo que creía a pies juntillas los mensajes de las marcas. La consolidación de Internet ha cambiado su percepción y, ahora, desconfía de todo y se vale de la Red para contactar con otros clientes a la hora de conocer el rendimiento de determinado producto o servicio que desee adquirir.
Asumir las nuevas reglas del mercado supone tener que acometer profundas reformas estructurales. Hay que revisar el modo de pensar, la filosofía empresarial y, por supuesto, la forma de trabajar. Las compañías tienen que tener claro que el marketing desempeña un papel esencial en el éxito de una firma y que no debe permanecer en un departamento estanco. Todos los empleados tienen que estar atentos a las nuevas necesidades de los clientes. Sin embargo, el principal cambio que hay que realizar está vinculado al producto. Por eso, la clave reside en tener un buen producto y, a partir de él, flexibilizar los procesos productivos para ampliar la gama y que sea el cliente el que defina lo que quiere.
Fuente: Expansión&Empleo









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