Lidiar con el jefe es una lucha diaria. El viernes vimos que de todo hay en la viña del señor, pero, ¿cómo surgen todas estas figuras?
Para Enrique Alcat, formador de directivos en comunicación, la respuesta es sencilla: “Se descuidan las formas y, sobre todo, la comunicación. Impera la cultura del gran jefe que se acomoda en su puesto y no habla, no escucha ni pregunta a sus empleados”. Paco Muro considera que el principal fallo del ejecutivo es perder el espíritu de aprendizaje. “Para liderar equipos hay que aprender, y eso supone cambiar la forma de hacer las cosas. Como directivo ante diversas situaciones el cuerpo te pide una forma de actuar y el liderazgo te obliga a hacer otra distinta, más profesional, más medida”.
Con las complicaciones aparecen muchos temores y dudas, porque dirigir personas es enormemente complicado, pero en ese momento “los buenos jefes son humildes, reconocen que no encuentran una solución o que se han equivocado y no tienen miedo de asumirlo y pedir ayuda para buscar una nueva oportunidad”, dice Alcat. “Falla porque es difícil, no por actuar sin pensar”, dice Muro.
Sin embargo, hay que recordar que el 50 por ciento de la relación con un jefe depende del empleado. Lo más común es quejarse de cómo son y cómo nos tratan, pero la cuestión que olvidamos es qué hace el empleado por el directivo. Paco Muro lanza el guante a los subordinados y pregunta: “¿Cuándo fue la última vez que felicitó a su jefe por algo que hiciera bien?”. Y es que parte de la culpa de la larga tipología de los que ostentan el mando se debe a que el empleado no se atreve a decirle lo que no le gusta o no considera acertado. “Nuestros propios prejuicios nos frenan, nos amoldamos a lo preestablecido y preferimos la queja a la acción”, asegura El-Ghandouri.
Por tanto, ser un buen jefe no es una cuestión de tener un currículo brillante. La empatía, la transparencia, la atención, el saber escuchar y el respeto son cualidades que el directivo debe tener siempre presentes. “Un jefe debe ser motivador, dar libertad y acompañar más que ayudar a sus colaboradores para que crezcan y actúen de manera creativa”, afirma El-Ghandouri. Éste es el jefe que se convierte en maestro, en referente. “¿Cuántos le vienen a la memoria?”, pregunta Alcat.
Fuente: Ángela Méndez, de Expansión & Empleo









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