En tiempos difíciles, los encargados de reducir los costes se apoderan de la situación. Una actitud razonable, al menos hasta cierto punto. Algunos, incluso, defienden la tesis de que la reducción de costes normalmente no se puede conseguir con métodos propios de una gestión participativa o democrática. Es evidente que los individuos que van a resultar afectados no sonreirán ante la sugerencia de ‘cortar sus propias cabezas’. Para inducir este comportamiento se requiere un tipo especial de crisis, al igual que es obvio que, en caso de no reducir los costes, nos quedaremos sin trabajo.
Pero la reducción de costes es peligrosa cuando se pierden de vista dos elementos básicos: coste y efectividad. Sustituye la palabra ‘efectividad’ por ‘aportación a objetivos esenciales’. Luego, compara los objetivos frente a los costes. ¿Qué ocurre? Pues que los resultados pueden ser bastante sorprendentes.
Cuando el objetivo lo permite, puede ser necesario aumentar los gastos. Seguro que no querrás seguir el ejemplo de una empresa que, al encarar una baja en su número de clientes y en sus ingresos, decidió reducir su departamento comercial hasta desaparecer del mercado. Por eso, la efectividad de costes, frecuentemente, debería significar dar a los nuevos recursos aquellos usos que ofrecen las mejores posibilidades de rentabilidad. Por ejemplo, ante la actual situación de crisis, una empresa de servicios turísticos y hoteleros ha decidido poner en marcha un programa de reducción de costes e invertir esos ahorros en más publicidad para captar nuevos clientes. La dirección incluso pidió a sus trabajadores que “le ahorrasen dinero a la compañía con objeto de utilizarlo para conseguir nuevos huéspedes”. Todos cooperan en este esfuerzo de reducción de costes y los resultados son muy positivos.
Las crisis económicas son más dolorosas cuando vemos a las personas sufrir sus consecuencias. Sin embargo, es un hecho innegable que las empresas que aprenden a sobrevivir ante la adversidad salen de ella más fortalecidas, más agresivas y, probablemente, con mayor efectividad de costes.










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